
Con la independencia del simbolismo se desplegó en el seno de la masonería una corriente políticamente autonomista ligada al federalismo de base regionalista y que, en definitiva, no hizo sino reproducir en medios masónicos la realidad socio-política catalana. La conjunción de estos factores cristalizó en la Gran Logia Simbólica Regional Catalana, creada de 1886 y que, en 1888, pasaría a denominarse Gran Logia Simbólica Regional Catalana Balear. En 1884 se constituyó la Gran Logia Provincial de Barcelona, auspiciada por la Gran Logia Simbólica Independiente Española de Sevilla, que intentaba trabajar sólo en los tres grados simbólicos dentro de un espíritu marcadamente democrático. Un año más tarde, se acometió con éxito la fundación de la Gran Logia Simbólica Regional Catalana.